El rol de los jóvenes en
(Análisis y propuestas para su incorporación partidaria plena)
I. Introducción y contexto
Los jóvenes. ¿Ejecutores de políticas impuestas? ¿Espectadores de una realidad que no pueden cambiar? ¿Actores protagonistas del nuevo tiempo? ¿Garantes del Cambio? Estas cuestiones pretenden iniciar una discusión en torno al papel de los jóvenes frente a la política. Partiendo de una premisa inamovible: “Los jóvenes deben participar en política”. Pero ¿Por que? ¿Para que?
Antes que nada debemos situar el debate en el contexto en el que toman lugar estos interrogantes. Dicho contexto es el de un partido político nuevo, cuyo elemento fundador fue el de un “contrato moral” que fuera capaz de atravesar las visiones parciales y antagónicas que dominaron a nuestro país desde hace décadas, para construir un nuevo esquema de pensamiento donde el principal promotor de la unidad sea la férrea convicción de que son los valores éticos y republicanos los que nos permitirán superar las deudas pendientes de nuestro país. Esto disuelve las categorías pretéritas de izquierda vs. derecha o de peronistas vs. antiperonistas que estructuraron y guiaron nuestra forma de concebir la política, no precisamente para ganarle la batalla a las posturas ideológicas, sino para que estas no se fijen en arreglos antagónicos o maniqueos en los que la firmeza de convicción se transforma en el rechazo a lo distinto y las verdades absolutas impiden la formación de consensos. Frente a la pluralidad de pensamientos, una postura sabia hace del desprejuicio el ámbito más saludable para integrar las disidencias, contrastarlas, complementarlas y crecer a partir de esta experiencia.
Esto es, en un punto, un desafío permanente para aquellos que comenzaron a militar, y por tanto, dieron forma a su estructura de pensamiento, en épocas donde esas categorías reinaban, trazando fronteras bien delineadas entre los distintos grupos de pertenencias ideológicas. En la actualidad, no todos los actores políticos son capaces de hacerse esta clase de replanteos y prefieren seguir conservando esa visión anacrónica. En cambio, muchos otros sí son capaces, y gran parte de aquellos que han decido proyectar el futuro político de nuestro país en torno a esta nueva concepción, forman parte de
Existe otro componente que, aunque no es el único, debe ser considerado a parte bajo estos criterios de análisis. Este componente son los jóvenes. La característica que vuelve a los jóvenes sujetos interesantes, no sólo es su siempre mencionado rol protagónico en la construcción del futuro sino, principalmente, la ventaja que tienen por ser jóvenes de poder construir ese futuro desde un nuevo orden de ideas.
Esto demuestra la existencia de un preconcepto fuertemente arraigado sobre el que se basa este tipo de organización y que puede resumirse en la siguiente frase: “no hay nada más parecido a un joven que otro joven”. Se pone así en un lugar central a la cuestión etárea, siendo esta capaz de eclipsar a cualquier otra característica en la formación de categorías. Un joven y un adulto que están de acuerdo con la despenalización del aborto, se parecen menos entre sí, que ese mismo joven con otro que esta terminantemente en contra de la despenalización. Esto es un ejemplo entre varios, que demuestra el absurdo en el que se cae cuando en un espacio político, en donde la variable de agrupamiento más importante debería ser la ideológica (dando por hecho que todos dentro de un mismo partido coinciden en los principios éticos que son anteriores a los ideológicos), prevalece un criterio a veces tramposo, como es la cuestión de la edad.
Lo que termina sucediendo es que el espacio de convivencia obligada de los jóvenes se fractura en vertientes que reproducen, y hasta pueden superar, las fracturas existentes en el ámbito propio de los mayores, generando así una dependencia no vinculante entre mayores y jóvenes: dependencia porque las decisiones que deban tomarse hacia dentro de la “juventud” tendrán en cuenta los conflictos fuera de esta, pero no vinculante porque las determinaciones que tomen quedarán inevitablemente circunscriptas a ese espacio, dado que al sector de mayores solo llevan una representación mínima asegurada por un cupo marcadamente minoritario.
Un espacio de jóvenes que mimifica los mecanismos de los mayores, pese a que puedan alegar una supuesta independencia de ellos, no hace ni más ni menos que asegurar la reproducción en el tiempo de las prácticas políticas. En ese sentido, la existencia de un cupo pone la estructura de la juventud al servicio de llenar esos espacios vacantes que serán ocupados por los representantes de los jóvenes, abriendo espacios de poder y liberando la lucha por esos espacios. De esta forma se acentúa aún más la reproducción de las prácticas políticas y se limita enormemente la capacidad de replantearse y reformularlas.
La pregunta es entonces: ¿De que sirve ser joven si en definitiva estos terminan haciendo exactamente lo mismo que los mayores?¿Qué valor agregado aporta un joven que en los hechos se conduce igual que los mayores y se impregna de todas sus pácticas?
Dijimos también que el aporte del joven es, en resumidas cuentas, el de dinamizar el flujo de ideas dentro del partido, impidiendo su anquilosamiento ideológico y aportando la frescura y la capacidad de adaptación que demanda la cinética política.
Sin embargo, llegado ahora el momento de describir por la afirmativa cómo creemos nosotros que debe ser ese espacio, nos topamos con el desafío de definir lo que es ser joven, o cuanto menos, dar una idea de lo que implica. El primer obstáculo para esto es el de las arbitrariedades, como dijimos antes, en las que se cae al pretender fijar una edad límite para “ser joven”. Los límites en realidad son difusos: hacia abajo en la escala cronológica un joven puede confundirse con un niño, y hacia arriba con un adulto, con lo cual más que buscarle cotas, resulta más útil describir los rasgos que le son típicos a los jóvenes
En ese sentido, el joven, como sujeto formado dentro de un paradigma nuevo, globalizado, protagonista y promotor del avance de las últimas tecnologías, y con una mayor libertad para formar nuevas categorías de ideas, tiene la facultad de servir como motor y vía de una transición en la cual la concepción tradicional de partido político se vea desafiada y reformulada para salir al cruce de los nuevos desafíos que comienzan a aparecer en todos los niveles geográficos, así como aquellos desafíos nuestros que vienen de larga data, como la pobreza, la desnutrición, el deterioro en la educación y la falta de conciencia cívica, republicana y democrática
Se dificulta, entonces, pensar al joven como un mero espectador, un ejecutor, o, peor aún, un mero peón del ajedrez partidario. Es indispensable que jóvenes capacitados ocupen lugares ejecutivos y de planeamiento. Será enriquecedor que participen en el diseño de las políticas y estrategias. A diferencia de lo que criticamos de otras experiencias partidarias, proponemos que el joven se incorpore plenamente en la toma de decisiones pero prescindiendo del rótulo de “joven”. Debemos evitar que su edad se convierta en un motivo de discriminación encubierto y fomentar que prevalezca siempre el concepto de idoneidad, aclarando que una persona idónea no es solamente la que lleva más años cumpliendo un determinado rol, sino aquella que manejando los conocimientos necesarios para el desempeño de su función, puede hacer un aporte extra desde sus condiciones personales, entendidas estas en un sentido amplio. Así, se estará incorporando en la ecuación de idoneidad, todo lo antes mencionado sobre la naturaleza de los jóvenes, de forma tal que durante una competencia por acceder a un espacio vacante, frente conocimientos teóricos similares que puedan poseer un joven y un adulto, valdrá la experiencia del adulto pero también la flexibilidad y la capacidad innovadora del joven a la hora de definir quién es el más idóneo para cubrir ese puesto, siendo una cuestión a considerar según el caso, cuál de estas característica pesa más.
Si creemos que los jóvenes deben integrarse plenamente a la vida partidaria en igualdad de condiciones a otros grupos, prescindiendo del rotulo de jóvenes que aparece en la carátulas de todas sus acciones, ¿Por qué insistimos en que se cree un espacio para jóvenes? ¿Cómo se evitará que tal espacio tropiece con los mismos errores que otras experiencias?
A continuación enumeraremos las razones y las características que deba tener el espacio para poder contestar exitosamente estas respuestas:
El joven, en particular, requiere de un espacio de adaptación que le permita amoldar y contrastar sus ideas y utopías con la realidad y el funcionamiento orgánico del partido, como una especie de rampa que sin sobresaltos le de la oportunidad de incorporarse, al evitar posibles choques con estructuras muy rígidas, propias de la organicidad del partido.
La razonabilidad como contraposición de la rebeldía, es un rasgo que muchas veces, desde el prejuicio, se considera ajeno a los jóvenes casi por definición. Definitivamente creemos que esto no es así. La razonabilidad también es una capacidad existente en los jóvenes, que es factible de ejercitar en espacios de aclimatación como los que estamos proponiendo, e inclusive facilita su fortalecimiento desde el momento en que crea un contexto menos áspero para asimilar las variables propias de la política. Abrir un espacio y un tiempo en el que el crecimiento intelectual personal del joven corre en paralelo a esta asimilación de variables, optimiza y asegura su participación sin que se corra el riesgo de perder su aporte o de forzarlo sin que estén dadas las condiciones para que esto se de en buena forma.
La adaptación incluye también familiarizarse con los nombres y las anécdotas que circulan en ámbitos informales como una introducción y hasta un refuerzo de lo que se trata en las reuniones formales, que muchas veces por desconocimiento hacen que se pierda gran parte de la información y se dificulte hacer un análisis pormenorizado de lo que se debate.
Generar un espacio que sea preparativo y transitorio incrementará las probabilidades de que un joven que se acerque al partido, permanezca y aumente su grado de compromiso con el mismo.
Como resultado del proceso de adaptación y formación no debe disolverse el valor agregado que trae el joven para aportar al partido. Ni adaptación ni formación significan mimetización. Es en este punto, donde la existencia de un espacio de jóvenes cobra mayor importancia. Con anterioridad hablamos de las trabas ideológicas que, forjadas en el pasado no tan reciente de
Así, los roles que se creen para darle organización al espacio deben fomentar la participación y no reducirla, generando un mecanismo de rotación que de seguridad a todos los integrantes de que se esta cumpliendo con la premisa de no-imposición.
Creemos que el espacio debe llegar a un equilibrio entre el grado de libertad que pueda tener hacia dentro o fuera del partido con lo que es el resto de la orgánica partidaria. Debe poseer libertad para discutir, discrepar y formar criterio sobre las cuestiones que se planteen en su seno, así como de planificar acciones partidarias (difusión, formación, legislativas, etc) siempre y cuando estas no se contrapongan con el espíritu y los principios del partido. De la misma forma podrá desarrollar un dialogo fluido con otras instancias partidarias.
Si bien debe ser un compromiso del partido en sus instancias municipales, seccionales y provinciales apostar a la consolidación de este espacio para asegurar el aporte continuo de nueva militancia y nuevas ideas, esta etapa debe estar acompañada por una inclusión creciente de los que se incorporen a la vida partidaria. De hecho, esta es la clave para que en el espacio no se “estanquen” los jóvenes. Los jóvenes no deben incorporarse plenamente a la política cuando dejan de ser jóvenes, sino cuando aún siéndolo, están dotados del saber y la experiencia mínima para volcar sus atributos de jóvenes al patrimonio partidario en su totalidad.
Compromiso partidario para su correcto funcionamiento.
Los mayores, adultos y/o jóvenes que ya hayan superado la instancia de adaptación, son los garantes del correcto funcionamiento del espacio. Deben incentivar a los jóvenes para que estos hagan su aporte como miembros plenos del partido, sin poner en riesgo su capacidad para reformular ideas y practicas que consideren susceptibles de modificaciones. Este compromiso debe ser transversal a las líneas internas del partido, para que las diferencias que puedan existir entre ellas no copen su desarrollo ni vicien su finalidad.
Incorporar un nuevo Capítulo sobre la Organización de la juventud:
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